CROACIA Y SERBIA: FÚTBOL, NACIONALISMOS Y GUERRA

La patada del croata Zvonimir Borian, jugador del Dinamo Zagreb, a un policía serbio en un partido de futbol en 1990 y la entrada de un tanque T-55 a las afueras de un estadio por parte de los ultras del Estrella Roja de Belgrado en 2019 develan muy bien los odios y contrariedades entre croatas y serbios, y donde el futbol tiene un papel de vital importancia a la hora de expresar esos sentimientos políticos e históricos que rodean esta tensa relación de las dos naciones pertenecientes a la antigua Yugoslavia.

Batalla campal entre hinchas del Dinamo Zagreb y Estrella Roja de Belgrado, 1990.

Se jugaba en mayo del 90 el clásico más caliente de Europa del Este entre el Dinamo Zagreb de Croacia y la Estrella Roja de Belgrado en un contexto de inestabilidad política para la región, ya que días antes los croatas y eslovenos en un referéndum habían aprobado su independencia política y militar de Yugoslavia y con ello, se iniciaba la fragmentación de las seis repúblicas y nacionalidades distintas que allí convivieron desde 1945.

Antes del partido se respiraba un ambiente muy tenso en las graderías con los canticos nacionalistas de ambos lados; los ultras del Dinamo Zagreb, los Blue Bad Boys, partidarios de la independencia croata, mientras cantaban su himno apedreaban a los Delije, ultras del Estrella Roja de Belgrado y partidarios de Milosevic, que reaccionaron arrancando de manera violenta sus asientos para convertirlos en armas y usarlas posteriormente en la batalla campal que se dio dentro y fuera del estadio de Maksimir en Zagreb.

La policía yugoslava alineada con los intereses de Serbia no dudó en usar su fuerza no para calmar los agitados ánimos, si no para atacar y reprimir violentamente a los hinchas croatas. 

Zvonimir Boban, el 10 de Croacia al ver como violentaban a un hincha de su país no dudó un segundo en actuar y arremetió con una patada voladora al tombo yugoslavo sin saber que a partir de ese momento sería considerado un héroe nacional en Croacia y simbólicamente había dado inicio a uno de los conflictos más sangrientos del siglo XX: las guerras yugoslavas.

Zvonimir Boban pateando a un policía serbio. Maksimmir, 1990.

TENSIONES DENTRO DE YUGOSLAVIA: 1918, 1939-1945, 1991

La firma de los Acuerdos de París en 1918 significó el fin de la Primera Guerra Mundial y una redistribución fronteriza y política de las naciones vencedoras sobre las perdedoras. La Entente Cordiale, ganadora del conflicto y aliada de Serbia decidió crear El Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, teniendo el reto de controlar las distintas naciones, culturas, religiones, lenguajes y tensiones dentro de esta diversificada unión política.

El Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos se formó a partir de los territorios de Serbia y Montenegro, y con el apoyo de la Entente Cordiale, absorbió territorios del antiguo Imperio Austrohúngaro para expandir Serbia. Croacia veía con recelo dicho expansionismo pan-serbio y manifestaba su inconformismo frente a la unión centralista con Serbia.

El tire y afloje entre Serbia y Croacia continuó hasta el asesinato del líder croata y opositor, Stepan Radic, agravando más la crisis balcánica y estableciendo una dictadura militar pro serbia y encabezada por el rey Alexander I, dando lugar al Reino de Yugoslavia. Una de sus primeras directrices políticas fue trasladar la sede futbolística del seleccionado de futbol yugoslavo de Zagreb a Belgrado, aumentando la tensión entre ambas naciones y dejando relegados a los croatas de la selección yugoslava.

Alexander I impulsó la “Gran Serbia” y los Ustasha, partido fascista y de extrema derecha croata abogaron por la “Gran Croacia”, que con la invasión alemana de Yugoslavia y la posterior desintegración de la misma en 1940 y 1941, les dio manos libres para ejercer su política expansionista contra los enemigos políticos de Croacia, es decir, judíos, gitanos y minorías serbias. Además, el Estado Independiente de Croacia jugaría su primer partido oficial en 1940 contra Suiza, siendo este el primer seleccionado de futbol reconocido por la FIFA.

La invasión de las potencias del Eje a Yugoslavia de una u otra manera potenció el auge del nacionalismo en Serbia, Croacia, Bosnia y Albania, ya que muchos se unían a las SS para combatir a los comunistas aliados con la URSS y defender los intereses de sus nuevos Estados, notándose un furor nacionalista que se iría a eclipsar de manera definitiva con la muerte de Joseph Broz Tito y la llegada de Milosevic al poder en Yugoslavia.

USTASHA Y LOS SERBIOS

Después de la consolidación del Estado Independiente de Croacia, los Ustasha comandados por Ante Pavelic iniciaron un proceso de purificación interna de los enemigos políticos del régimen. Los serbios se llevaron la peor parte.

La proscripción de la iglesia ortodoxa serbia, la prohibición del alfabeto cirílico, eliminación de la intelectualidad serbia, la perdida de la ciudadanía y derechos dentro de Croacia fueron causantes de la posterior deportación y matanza de ciudadanos serbios que no compartían los ideales de la nación croata, y que, curiosamente levantó la antipatía del gobierno alemán y de la Wehrmacht, por la brutalidad con que estos ejercían sus persecuciones a los enemigos políticos del régimen Ustasha. Una ironía de los alemanes.

1941 fue el año donde comenzó a funcionar el campo de concentración y exterminio de Jasenovac, ubicado en Croacia y donde serían enviados, deportados y asesinados las minorías serbias que vivían en la patria Ustasha, ya que según Pavelic, ponían en peligro la independencia del nuevo Estado Independiente de Croacia.

Entrada al campo de concentración Ustasha de Jasenovac, Croacia.

Antes de 1939 los serbios dominaban la política de los Balcanes, pero con la Segunda Guerra Mundial, eso cambió, ahora los croatas tenían el poder; pasando de ser ejecutados a ejecutores.

La segunda guerra mundial en Yugoslavia estuvo caracterizada por conflictos étnicos y culturales en países que a lo largo de la historia estuvieron sometidos por los Habsburgo y el Imperio Otomano y que buscaban un reconocimiento y una diferencia sobre el otro, como fue el caso de los croatas, serbios, eslovenos, bosnios y albaneses, que el Eje explotó apoyando gobiernos títeres como fue el gobierno Ustasha, La Republica Eslovaca o el Gobierno de Salvación Nacional de Serbia.

TITO, FUTBOL Y SU POLITICA DE UNIDAD YUGOSLAVA

El partisano comunista Tito después de 1945 ejerció como primer ministro y presidente de la Republica Federal Socialista de Yugoslavia implantando un modelo federal que le daba autonomía a las seis republicas y le restaba poder a Serbia. Su política estaba alejada de la URSS ya que no estaba de acuerdo con el modelo de colectivización llevado a cabo por Stalin, habiendo diferencias entre uno y otro modelo comunista en Europa del Este.

El mariscal Joseph Broz Tito.

El bloqueo de la URRSS a Yugoslavia y la contención del nacionalismo que había exaltado el Eje en la Segunda Guerra Mundial fue el panorama que se encontró el mariscal cuando asumió al poder.

Tito fue el aliciente para apaciguar y dar estabilidad a Yugoslavia; su política se basó en contener el creciente y siempre presente nacionalismo que había entre las seis naciones eslavas a través del futbol.

Tito entendía el futbol como símbolo de unidad y por ende llevó a cabo políticas de eliminación de equipos con tendencias nacionalistas como fue el caso del: del Slavija Sarajevo de Serbia o del Zrinjki Mostar de Croacia que se le prohibió la participación en la Liga por sus colores de la bandera croata y su pasado Ustasha y que, curiosamente, volvió a aparecer en 1992.

Club Hajduk Split, reconocido equipo croata fue sancionado por promover el nacionalismo, obligando a sus hinchas y seguidores a estar en la clandestinidad para no ser perseguidos por el régimen de Tito. El mariscal veía como un peligro la gran cantidad de hinchas del equipo por su capacidad para movilizar la población en pro de sus ideales políticos y futbolísticos.

Tito empezó la promoción de una unión yugoslava mediante el futbol, creando equipos que estuvieran enmarcadas en clases obreras como: Metalac(Metal Worker), Rudar(miner), Zelgesnikar(Rail Worker), y Sloboda(Freedom) para fomentar su proyecto comunista a través del deporte.

El mariscal sabía que el futbol podría ser utilizado como símbolo de unión, cohesión o una forma de fragmentación mediante el nacionalismo de las barras o ultras. El futbol en la antigua Yugoslavia podría ser un factor fundamental para desestabilizar la zona balcánica, cosa que sucedió a raíz de la muerte de Tito después de casi cuarenta años en el poder.

Mapa de Yugoslavia, 1991.

La muerte de Tito fue el preámbulo de lo que sería la desintegración de Yugoslavia, al no tener una figura política fuerte, las distintas naciones que la conformaban poco a poco buscaban su independencia política y militar; uno de los frentes para lograrlo fue los estadios de futbol.

La llegada en 1988 de Slobodan Milosevic a la presidencia Serbia y su ideal de una "Gran Serbia", indujo a una persecución contra croatas y eslovenos que fomentó el nacionalismo serbio y a su vez, el nacionalismo de las demás naciones de Yugoslavia para hacerle contrapeso a Milosevic. Los serbios no olvidaban la experiencia Ustasha de la WWII y empezaron a ser ejecutores y no ejecutados.

Con Tito había un monitoreo de las tendencias nacionalistas, ahora sin él, ya no había quien controlara las barras de hooligans que expresaban sus ideas políticas desde las gradas de los estadios con una aceptación por parte de la población. 

A finales de los ochenta y principios de los noventa, los hooligans croatas y serbios estaban inmersos en una violencia a pequeña escala, insultos nacionalistas y desorden público dentro y fuera de los partidos.

Ultras Bad Blue Boys se enfrentan con los ultras Delije.

EL FUTBOL ES LA CONTINUACION DE LA POLITICA, PERO POR OTROS MEDIOS

El clásico más caliente y político de los 90 fue el Dinamo Zagreb contra Estrella Roja de Belgrado, donde los ultras Bad Blue Boys y los ultras serbios Delije habían desatado una batalla campal en medio de un partido donde Boban pateó un policía serbio en medio de la independencia croata de Yugoslavia. 

Cuando estallan las guerras separatistas en Yugoslavia los hooligans e hinchas de estas dos barras se enlistaron a las milicias y facciones del ejercito para combatir por Croacia o Serbia cuando estalla el conflicto en 1991.

El famoso caso de Zeljko Raznatovic o más conocido como Arkan, líder de los ultras de la Estrella Roja de Belgrado, cuando estalló el conflicto en 1991 se convirtió en líder de la Guardia Voluntaria Serbia o los Tigres de Arkan, facción paramilitar del ejército Yugoslavo y de hinchas de la Estrella Roja que se dedicó a combatir a los croatas y bosnios y a llevar a cabo varias limpiezas étnicas en zonas de los Balcanes en beneficio de Serbia. Arkan en 1997 sería acusado por el Tribunal Penal para la Antigua ex Yugoslavia por crímenes de guerra.

Zeljko Raznatovic y su milicia paramilitar Los Tigres de Arkan.

Así pues, los ultras y hooligans de Croacia y Serbia a través del futbol y los estadios reavivaron sus sentimientos políticos y nacionalistas, sus odios, sus resentimientos, sus guerras y su historia serían y serán protagonistas de las limpiezas étnicas protagonizadas por ambos bandos en territorios de minorías que no compartieran su ideal étnico y de nación por su pasado lleno de contrariedades y de intentos de dominación uno del otro que llevaron a grandes deportaciones y matanzas durante 1914, 1939-1945 y que, se radicalizarán en 1991 de la mano de Milosevic y Tudjman.

“Las victorias en el futbol forman la identidad nacional, tanto como las victorias en la guerra” Franco Tudjman, primer presidente de Croacia, 1991-1995.

Cuando la Estrella Roja de Belgrado ganó la Copa Intercontinental derrotando a Colo Colo, los hinchas serbios sacaron el himno: Srbija do Tokija que significa de Serbia a Japón, himno que fue adoptado por las fuerzas de autodefensas serbias antes de combatir contra croatas, bosnios y kosoveses.

Por lo tanto, muchos clubes en Croacia y Serbia han hecho monumentos y estatuas a hinchas caídos en las guerras separatistas de Yugoslavia, siendo mártires de la causa independentista y héroes nacionales.

Después de haber acabado la guerra entre ambas naciones, el futbol sigue siendo un importante ente simbólico que trasciende monumentalmente y polariza a las naciones de las ex Yugoslavia. En el año 2000 cuando se jugaba la Euro, se enfrentaron los seleccionados de Croacia y Serbia que todavía tenía el nombre de Yugoslavia, donde los aficionados serbios mostraron desde la tribuna carteles de transito en el camino bélico y de ocupación hacia Croacia: “20 KM A VUKOVAR, 10 KM A VUKOVAR Y BIENVENIDO A VUKOVAR”.

En la Champions del 2019, los aficionados del Estrella Roja de Belgrado llegaron al estadio en un tanque T-55, tanque utilizado por las fuerzas militares serbias en la Batalla de Vukovar, trayendo el recuerdo de la guerra al plano futbolístico.

Tanque T-55 utilizado en la Batalla de Vukovar en el estadio del Estrella Roja.

La ciudad de Vukovar fue una de las ciudades más afectadas de la guerra y destruida casi completamente, convirtiéndose en un importante símbolo de resistencia frente a las grandes deportaciones y matanzas de los paramilitares serbios.

En 1995 se llevó a cabo la “Operación Tormenta”, operación militar croata que buscaba la limpieza étnica de la Republica de Krajina, tutelada y ocupada por Serbia, donde las tropas militares comandadas por Tudjman tuvieron la intención de expulsar más de 200,000 serbios usando tácticas de deportaciones, matanzas, violencia y tácticas de terror. Cuando Croacia llegó a la final del mundial de Rusia 2018, el periódico serbio Informer publicaban un numero titulado: “Los croatas festejan la final como una tormenta”.

Los slogans, los canticos, pancartas, tiraderas de prensa, hechos simbólicos sobre Vukovar, la llegada de un tanque T-55 a un estadio, y las acciones militares hechas por hinchas, son reflejo de las fuertes y traumantes experiencias históricas de las guerras separatistas de 1914, 1939-1945 y 1991 que siguen permeando el panorama político, hasta hoy en día.

Desde la creación de Yugoslavia, los serbios y los croatas mantienen una relación turbia, donde el odio y la guerra son los protagonistas de las relaciones entre ambos países. La disputa por el reconocimiento, diferencia y la supremacía sobre el otro han abierto heridas imposibles de cerrar, desde el Genocidio Ustasha a las guerras separatistas del 91 que influyen en la manera de concebir el futbol para ambos. 

La concepción política de estas dos naciones se basa en el intento de extermino de uno y otro mediante deportaciones y limpiezas étnicas dependiendo de quien esté en el poder; el futbol y los hooligans exacerban esos sentimientos nacionalistas y étnicos. Ejecutados y ejecutores ha sido la variable entre Croacia y Serbia desde la creación e historia de Yugoslavia.

Las barras y hooligans de la ex Yugoslavia que alentaban al equipo desde las graderías ayudaban a la construcción y satanización del enemigo. Los ultras croatas y serbios construyen e impulsan un modelo de nación mediante el odio, el resentimiento, la guerra, la historia y el dolor de los caídos en las guerras.

Así pues, los estadios de futbol en Serbia y Croacia actúan como multiplicadores del nacionalismo fragmentando la unidad yugoslava que Tito había construido. La polarización social e histórica de ambas naciones se ve representada en el futbol, y sus barras. 

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